Roma, Italia.
Mientras me perdía por las calles de Roma, una obra me obligó a detenerme. En plena Piazza Mignanelli apareció ante mí “I’ll Be Your Mirror”(2018), de la artista portuguesa Joana Vasconcelos, una monumental máscara veneciana realizada en bronce y espejos que transforma el espacio público en una experiencia de reflexión, tanto literal como simbólica.
La pieza está compuesta por 255 molduras barrocas de bronce y 510 espejos que devuelven fragmentada la imagen de quienes se acercan. Nadie permanece indiferente y el peatón se convierte, sin proponérselo, en parte de la obra.
El espejo devuelve el rostro del espectador y lo invita a pensar en la identidad, en aquello que mostramos y en aquello que ocultamos.
El título, tomado de la célebre canción de Lou Reed interpretada por The Velvet Underground & Nico, funciona como una declaración de principios.
Para Vasconcelos, el artista es un espejo de la sociedad de su tiempo, capaz de reflejar sus contradicciones, sus deseos y sus máscaras.
Instalada en el corazón de Roma gracias a una iniciativa cultural vinculada al proyecto Venus de PM23 y a la Fondazione Valentino Garavani e Giancarlo Giammetti, la obra dialoga con la ciudad histórica desde una estética profundamente contemporánea, haciendo que la tradición barroca y la cultura visual actual convivan en un mismo gesto.
Joana Vasconcelos (París, 1971) es una de las artistas portuguesas más importantes de la actualidad. Reconocida internacionalmente por sus esculturas e instalaciones monumentales, utiliza objetos cotidianos y técnicas artesanales para construir obras de fuerte contenido social y político.
Fue la primera mujer en exponer en el Palacio de Versalles en 2012 y ha representado a Portugal en 2013 en la 55° Bienal de Venecia, consolidando una trayectoria que combina espectacularidad formal con una aguda reflexión sobre la identidad, el género y la cultura contemporánea.
Pero ya había logrado notoriedad en la 51° Bienal de Venecia en 2005 cuando fue seleccionada por el cuerpo curatorial instancia en que presentó en Arsenale «La Novia».
La obra consistía en una majestuosa lámpara de araña de estilo barroco de más de seis metros de altura la cual fue fabricada utilizando más de 14,000 tampones higiénicos de algodón blanco buscando confrontar al espectador transformando un objeto de higiene íntima femenina y tabú social en una pieza de lujo estético y monumental.
En 2009, una de sus obras, titulada “Corazón de oro independiente” se subastó en Christie’s por 192 mil euros. La pieza fue vendida a un coleccionista británico anónimo, que luego la prestó al Museo Berardo de Lisboa.
En una ciudad como Roma donde el pasado parece dominar cada rincón, encontrar esta máscara gigantesca reflejando los rostros de quienes pasan es recordar que el arte contemporáneo también puede apropiarse del espacio urbano y convertir una caminata cualquiera en un inesperado ejercicio de introspección.
