Małgorzata Mirga-Tas en Kunsthal Charlottenborg

Copenhague, Dinamarca.

Coser la memoria de un pueblo

Uno de los grandes aciertos de este recorrido artístico por Copenhague ha sido encontrarme con la exposición “Agua que deambula” de la artista polaco-romaní Małgorzata Mirga-Tas (Zakopane, 1978), presentada en Kunsthal Charlottenborg.

La muestra reúne obras históricas y nuevas producciones creadas especialmente para este espacio, dentro del programa HUMAN:RIGHTS, desarrollado junto al festival documental CPH:DOX y Human Rights Watch Denmark.

Mirga-Tas trabaja principalmente con textiles reutilizados con ropa usada, manteles, cortinas y sábanas provenientes de familiares, amigos y miembros de su comunidad. A través de estas telas construye monumentales collages que funcionan simultáneamente como obras de arte, archivos de memoria y declaraciones políticas.

La artista retrata escenas cotidianas del pueblo romaní, reuniones familiares, celebraciones, labores domésticas y momentos de convivencia que históricamente han permanecido ausentes de los relatos oficiales. También aborda episodios traumáticos como el Porraimos, el genocidio sufrido por la población romaní durante el régimen nazi.

Lo que más me impactó fue la potencia visual de sus grandes telas. Algunas alcanzan dimensiones monumentales y generan una presencia física difícil de ignorar. Sin embargo, varias de las piezas de menor formato poseen una intensidad narrativa igualmente contundente. Cada fragmento textil parece contener una historia personal que, al integrarse al conjunto, adquiere una dimensión universal.

La pregunta surge naturalmente: ¿qué tiene Małgorzata Mirga-Tas para generar semejante reconocimiento internacional?

La respuesta probablemente se encuentre en su capacidad para transformar una experiencia comunitaria específica en un lenguaje visual comprensible en cualquier lugar del mundo. Su obra habla de identidad, memoria, desplazamiento, pertenencia y resistencia cultural, temas que exceden ampliamente las fronteras de la comunidad romaní.

Su consagración internacional llegó en 2022 cuando se convirtió en la primera artista romaní en representar a un país, Polonia, en la 59ª edición de la Bienal de Venecia 2022. Allí presentó “Reencantando el mundo”, una instalación monumental que tapizó todo as las paredes del pabellón de Polonia en Giardini, que reinterpretaba imágenes fundamentales de la tradición artística europea para insertar en ellas la presencia y la historia del pueblo romaní.

Mirga-Tas no busca simplemente denunciar la exclusión histórica. Su estrategia es más ambiciosa consistente en ampliar la historia del arte para incluir a quienes durante siglos fueron invisibilizados. Lo hace sin victimismo, mediante una iconografía vibrante, colorida y profundamente humana.

Personalmente, encontré en esta exposición una de las propuestas más sólidas y memorables de mi estancia en Copenhague. Una muestra que combina excelencia formal, compromiso social y una notable capacidad para generar empatía. Sus telas hablan de una comunidad concreta, pero terminan interpelándonos a todos.

La exposición se presenta en Kunsthal Charlottenborg, una de las instituciones dedicadas al arte contemporáneo más importantes del norte de Europa. Ubicada entre Nyhavn y Kongens Nytorv, ocupa parte del histórico Palacio de Charlottenborg, un edificio barroco cuya historia se remonta al siglo XVII. Desde 1883 el espacio ha acogido exposiciones de artistas daneses e internacionales, consolidándose como una plataforma clave para las prácticas artísticas contemporáneas. Actualmente forma parte de la Royal Danish Academy of Fine Arts y es sede de eventos culturales de referencia como el festival documental CPH:DOX y la feria de arte nórdica CHART Art Fair. Su programación se caracteriza por abordar temas sociales, políticos y culturales de relevancia internacional, convirtiéndolo en uno de los centros neurálgicos del arte contemporáneo en Copenhague.

Más allá de la calidad de la exposición, la visita permite descubrir un espacio excepcional. El contraste entre la arquitectura histórica del palacio y las propuestas contemporáneas genera un diálogo particularmente atractivo. Charlottenborg demuestra cómo una institución con siglos de historia puede mantenerse plenamente vigente y convertirse en una plataforma para las voces más relevantes del arte actual.


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