La función del crítico de arte hoy día

Montevideo, Uruguay.


Volver para incomodar —y abrir preguntas

Invitado por Julio E. Pereyra Silva llegué a la Universidad de la República para conversar con estudiantes de la Licenciatura en Artes —Artes Plásticas y Visuales—.

Volver a ese espacio donde me formé no es un gesto nostálgico, es asumir una deuda y saldarla en público.

Pereyra —profesor adjunto en la Facultad de Artes— trabaja desde hace años en torno a pedagogías de las diferencias y estudios afrolatinoamericanos. No es un dato menor pues define el marco de una universidad que, si quiere estar a la altura, tiene que revisar sus propias jerarquías.

La sala estaba llena. Y no sólo de estudiantes jóvenes. Había curiosidad, había expectativa y —por suerte— había preguntas.

Hablamos durante más de dos horas sobre el rol del crítico hoy, un lugar incómodo, atravesado por intereses, pero todavía necesario si no se resigna a ser vocero del sistema.

No vine a explicar, vine a tensionar. El crítico no es un traductor amable ni un decorador del discurso institucional. Es, o debería ser, alguien que toma posición.

La recepción fue directa, el interés real, preguntas incisivas, necesidad de entender dónde pararse.

Al final, se acercaron varios estudiantes —algunos con dudas, otros con agradecimientos—. Ese es el único indicador que importa, que algo se haya movido.

Agradezco la invitación. Y celebro que la universidad siga siendo un lugar donde todavía se puede discutir en serio.

Esto recién empieza.


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