Buenos Aires, Argentina.
Olga de Amaral en MALBA: el oro que cuelga del tiempo
Una exposición que justifica cruzar el río (y algo más)
Tener la obra de Olga de Amaral al alcance es un golpe de suerte. Uno de esos que no se discuten y se aprovechan. Razón suficiente para cruzar el charco.
Gracias al trabajo sostenido del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), que insiste —con criterio— en reunir lo mejor del arte latinoamericano, esta exposición reúne más de cincuenta obras provenientes de museos y colecciones privadas de Bogotá, Medellín y Nueva York.
El resultado logra una selección contundente que no solo deslumbra, sino que ilumina —literal y simbólicamente— el campo del arte textil.
Una obra monumental que va del tejido al espacio
Entre las piezas destaca Gran muro (1976), una intervención site-specific concebida originalmente para el hotel Peachtree Plaza (hoy Westin) en Atlanta, y adquirida por MALBA en 2025.
Pero reducir a Amaral a una obra sería un error. Su producción es, ante todo, una experiencia espacial compuesta por tapices que abandonan la pared, hilos que descienden desde el techo, estructuras que envuelven al espectador. Obras que no se miran, sino que se atraviesan.
De Bogotá al mundo, una artista sin categorías
Nacida como Olga Ceballos Vélez en Bogotá en 1932, dentro de una familia numerosa compuesta por ocho hermanos, de niña acompañaba a su madre a las diferentes ferias de artesanos y campesinos donde a partir de su mirada curiosa fue prestando atención a las diferentes artesanías que exponían los feriantes.
Atento a ello y con una gran curiosidad decide formarse en artes para lo cual asiste al programa del Colegio Mayor de Cundinamarca en su ciudad natal, formación que luego complementará en la Cranbrook Academy of Arts durante 1954 experiencia que le llamar a tomar conciencia de otra dimensión de las artesanías aplicadas al arte contemporáneo.
Su recorrido combina formación académica y una sensibilidad forjada en lo popular.
Su formación en la Cranbrook Academy of Art fue decisiva. Esa experiencia le permitió entender que las artes aplicadas podían dialogar con el arte contemporáneo sin pedir permiso.
Allí conocerá a quien se convertirá en su marido Jim Amaral de quien toma su apellido, padre de sus dos hijos siendo Diego el fundador de Amaral Editores.
A su regreso a Colombia en 1955, su obra tomó un rumbo claro, monumental, experimental y sin complejos. Nunca dejó de viajar, ni de absorber influencias.
En 1958 contrae matrimonio con Jim y fundarán el Bogotá Telas Amaral, un taller dedicado a la producción de tejidos funcionales para interiores el cual dos décadas después lo mudaron a una casa de estilo tudor de los años cuarenta, hoy llamada Casa Amaral, que incluye un espacio de exhibición de productos.
Clasificarla es inútil. Su trabajo se mueve entre pintura, escultura, arquitectura y ambientación. Todo a la vez.
El oro, la memoria y lo andino
Uno de los elementos más potentes en su obra es el uso del oro. No como ornamento, sino como carga simbólica.
En América Latina, el oro no es inocente, por el contrario remite a conquista, saqueo y poder. Amaral lo resignifica. Lo vuelve materia espiritual, superficie vibrante, memoria suspendida.
Su raíz andina está siempre presente, no como cita folclórica sino como estructura profunda. Hay en su obra una dimensión casi antropológica que se arrastra desde la infancia.
Una exposición que se recorre como un ritual
La muestra, titulada Cuerpo textil, está curada por María Amalia García y Marie Perennés.
Maria Amalia Garcia (Buenos Aires, 1975) curadora en jefe del MALBA donde se desempeña desde 2014 y Marie Perennés (Francia, 1991) Conservadora en la Fondation Cartier pour l’art contemporain de París y comisaria independiente. Especializada en arte y fotografía latinoamericanos quien centra sus investigaciones en las mujeres artistas, las sociedades indígenas y la representación de las luchas sociales, ecológicas y políticas.
Dos miradas jóvenes que entienden algo clave y es que no hay que domesticar esta obra, hay que dejarla respirar y que le proveen una impronta contemporánea a la obra de esta artista ya mayor sí (93) pero con una obra siempre vigente.
Las salas del MALBA han sido oscurecidas, y las piezas emergen como presencias. El recorrido es casi laberíntico. Más que una exposición, es una experiencia inmersiva.
No es casual que se trate de la mayor muestra de Amaral en América Latina en más de tres décadas.
Una pionera que sigue marcando el ritmo
Olga de Amaral es una de las grandes pioneras de la abstracción latinoamericana. Su obra forma parte de colecciones como el Museum of Modern Art, el Museo de Arte Moderno de París y el de Kioto.
Fue, además, la única latinoamericana en participar en Wall Hangings (1969), la influyente muestra del MoMA que redefinió el lugar del textil en el arte contemporáneo.
Su trayectoria incluye la Bienal de Venecia (1986) que antecedió su primera gran retrospectiva en Bogotá en 1993.
De Amaral y Vicuña: dos nombres, un mismo pulso
Si hay que trazar un mapa del arte textil latinoamericano, dos nombres aparecen sin discusión: Olga de Amaral y Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948).
Distintas en lenguaje, pero conectadas en esencia ya que ambas entienden el textil como territorio político, poético y espiritual.
Ir o no ir no es una opción
Esta es una muestra de visita obligatoria. Sin exagerar.
Olga de Amaral. Cuerpo textil
📍 MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415)
📅 Del 26 de febrero al 11 de mayo





