Montevideo, Uruguay.
El pasado jueves 26 de marzo se inauguró el 52 Premio Montevideo de Artes Visuales, una edición largamente postergada que finalmente tuvo lugar en el Centro de Exposiciones Subte (Av. 18 de Julio y Julio Herrera y Obes), actualmente dirigido por Micaela Azambuja.
Con más de medio siglo de historia, el premio se mantiene como uno de los programas centrales del circuito local, orientado a visibilizar artistas de distintas generaciones y a poner en circulación prácticas contemporáneas en diálogo con su contexto.
Un premio vigente, una estructura en deuda
En esta edición, el jurado integrado por Julissa Dura, Vladimir Muhvich y Liliana Farber seleccionó 23 obras entre más de 250 postulaciones.
La muestra evidencia un esfuerzo notable en su montaje.
Pese a tratarse de una sala compleja, sin divisiones y de un solo plano, el equipo resolvió con eficacia la visibilidad de cada obra, evitando interferencias y propiciando zonas de diálogo entre propuestas.
El premio sigue siendo una instancia relevante para artistas emergentes, en tanto habilita exposición, circulación y encuentro entre lenguajes diversos —pintura, dibujo, instalación, fotografía, video—.
Sin embargo, vuelve a surgir una tensión ya conocida: la convivencia en igualdad de condiciones entre artistas en etapas iniciales y figuras con trayectorias consolidadas, incluso con antecedentes antológicos.
La ausencia de categorías diferenciadas según recorrido profesional no solo desdibuja el espíritu de impulso a lo emergente, sino que instala una competencia desigual que el propio sistema podría evitar con una segmentación más justa.
Subjetividad y transformación: entre lo íntimo y lo reiterado
La curaduría, a cargo de Eugenia González (Montevideo, 1983), quien llegó desde Buenos Aires donde también trabaja, organiza la exhibición en cuatro ejes conceptuales, aportando un orden que en ediciones anteriores resultaba menos claro.
El primero, centrado en la subjetividad y la transformación, reúne obras de Adela Casacuberta —ganadora del Primer Premio Adquisición—, Fernando Velázquez, Mariza Regia, Florencia Martínez Aysa, Thomas Villalba, Gonzalo Delgado (Segundo Premio) y Luisho Díaz.
Casacuberta construye una obra atravesada por su propia experiencia física, donde la enfermedad no limita sino que intensifica una producción que continúa creciendo en potencia.
En contraste, la participación de Florencia Martínez Aysa resulta débil.
Su fotografía, parte de una serie ya ampliamente exhibida, y no aporta novedad ni está a la altura de una trayectoria que ha sabido consolidarse internacionalmente. La reiteración, en este caso, juega en contra.
Gonzalo Delgado presenta dibujos que, aunque reconocibles dentro de su producción, encuentran aquí una visibilidad adecuada. Su práctica insiste en lo autobiográfico y en la pulsión vital del dibujo como extensión de la vida cotidiana.
“Las cosas están ahi para amarlas” es el titulo de la obra que asímismo forma parte de la misma, donde un dibujo erótico presenta la union de dos hombres abrazados y excitados, donde claramente uno es un autorretrato del propio artista.
Dibujar para Delgado es una manifestación que forma parte de su cotidianidad . De la misma manera que el artista se manifiesta en otros ordenes de su vida en cosas rutinarias, así tiene la necesidad de dibujar en forma constante.
Luisho Díaz, por su parte, ofrece una secuencia de autorretratos que logra una conexión directa entre obra y biografía, sin artificios.
Se trata de una persona muy sensible, entusiasta y cariñosa, aspectos que quedan reflejados en una secuencia de autorretratos realizados en fotografía.
Inestabilidades del poder: memoria, violencia y resistencia
El segundo eje reúne trabajos que abordan tensiones sociales, desigualdades y formas de resistencia.
Destaca la instalación de Florencia Dansilio y Agustina Rodríguez, que construye una metáfora sobre la erosión de la ley de genocidio y la persistencia de la impunidad a partir de un recorrido circular entre escombros.
También sobresale la obra de Federico Arnaud, Fernando Foglino y Niklaus Strobel, una de las mejores propuestas, que sustituye sacos de arena por harina en una trinchera, señalando el hambre como herramienta de dominación global.
Natalia Torterolo, otra destacada, introduce un giro significativo en su producción mediante una instalación de gran escala que aborda los desplazamientos migratorios contemporáneos, articulando materiales urbanos que transmiten fragilidad e inestabilidad.
En su obra de gran envergadura que ocupa un amplio espacio dentro de la sala, la artista hace alusión a los movimientos migratorios que se están sucediendo en todo el mundo producto de situaciones de inestabilidad social y política en sus países de origen, algo que nuestro país también esta atravesando.
La variedad de elementos que Torterolo utiliza, restos de partes de urbanizaciones, denotan tensión, inestabilidad y sobre todo fragilidad. Un gran acierto para esta artista que renace con un nuevo formato y que es de esperar que continúe por allí.
En este eje, la propuesta de Mayra Da Silva junto a Fernanda Piñeirúa incorpora una dimensión histórica clave al recuperar la figura de Virginia Brindis de Salas (Montevideo, 1907–1958), poeta afrodescendiente, feminista y una de las primeras voces en inscribir la experiencia negra en la literatura uruguaya. Autora de Pregón de marimorena (1946) y Cien cárceles de amor (1949), su obra fue sistemáticamente marginada de los relatos oficiales, dominados por una tradición blanco-mestiza centrada en lo indio-gaucho. La pieza reivindica esa omisión y reactiva su palabra como gesto político contemporáneo.
Transitar lo incierto: entre la intuición y el lugar común
El tercer eje articula obras que giran en torno a la fragilidad, el desplazamiento y la transformación.
Ian Matusevicius presenta una serie fotográfica sobre la devastación de las palmeras a causa del “picudo rojo”, señalando una transformación del paisaje que obliga a repensar el entorno.
En cambio, la propuesta de Magdalena Leite y Aníbal Conde, pese a su reconocimiento mediante una mención, no logra consolidarse como una obra de peso dentro del conjunto ya que la acumulación de preguntas y la performance no alcanzan a construir una experiencia significativa.
Luciana Damiani recurre a una tipología ya ampliamente transitada —estructuras precarias de refugio— que, en este contexto, aparece como reiterativa y sin desarrollo propio, reforzando la sensación de déjà vu dentro de la exposición.
Sistemas y control: cuando la idea supera a la obra (y viceversa)
El cuarto eje reúne obras que analizan los mecanismos que organizan la vida contemporánea.
Diego Morera y Sebastián Lambert obtienen el Tercer Premio Adquisición con una videoinstalación interactiva que introduce al espectador en una lógica de decisión mediada por el dispositivo.
Juanito Conte sorprende con una pieza inédita en su trayectoria donde dos impresoras que producen de manera continua una imagen, aludiendo a la sobrecarga informativa y abriendo una línea de investigación distinta en su práctica.
Silvina Cortés Lasalle presenta uno de los trabajos más sólidos del conjunto, con un mural que articula cerámica y dibujo para abordar el suicidio desde una dimensión estructural, donde el cuerpo se diluye en un sistema que falla.
Javier Abreu, en cambio, ofrece una performance que no alcanza el nivel de sus trabajos anteriores donde la carga conceptual del título no se corresponde con la resolución formal.
Diego Velazco presenta una serie fotográfica sutil sobre mojones fronterizos entre Brasil y Uruguay. La obra plantea una reflexión pertinente sobre los límites, aunque su ambición conceptual termina por diluir su impacto.
Michael Bahr retoma su línea de “papeles ahogados”, utilizando billetes intervenidos para aludir a la crisis del agua, estableciendo una relación directa entre economía, recurso y violencia simbólica.
Una escena activa, un sistema a revisar
La exposición confirma la vigencia del premio como plataforma de visibilidad y circulación, pero también expone tensiones estructurales que el propio sistema arrastra desde hace años.
La calidad del montaje y el orden curatorial elevan el nivel general de la muestra; sin embargo, la reiteración de ciertos lenguajes, la presencia desigual de trayectorias y la falta de criterios diferenciados de selección siguen siendo puntos ciegos que merecen una revisión urgente.
Premiados
1º Premio Adquisición:
«Autoperformances (acciones con una sola mano)» – Adela Casacuberta
2º Premio Adquisición:
«Las cosas están ahí para amarlas» – Gonzalo Delgado
3º Premio Adquisición:
«UNKRNS: RENTAR O REVENTAR» – Sebastián Lambert y Diego Morera
4º Premio:
«COLAPSO Y ESCAPE» – Natalia Torterolo
Además, se otorgaron dos menciones especiales:
«A viva voz»- Mayra Da Silva y Fernanda Piñeirúa
«Debajo de las palabras, la playa» – Aníbal Conde y Magdalena Leite.
