Tiradentes, Brasil.
Tiradentes, una pausa en el tiempo
Tiradentes parece recostarse tranquilamente sobre la Serra de São José. Es una ciudad donde el tiempo decidió caminar más despacio.
Pensar en Tiradentes es imaginar artesanías en todas sus formas posibles. Talleres y tiendas abastecen a buena parte de Brasil, cada uno con su encanto, mientras el ritmo del lugar lo marcan las puertas y ventanas de colores y las calles empedradas.
Aquí la prisa no tiene lugar.
Sus habitantes parecen haber hecho un pacto silencioso con la calma.
Pequeños locales ofrecen objetos decorativos, artesanías, bares y restaurantes. Todo mantiene una escala humana, acorde al espíritu recogido de la ciudad.
Las iglesias merecen un capítulo aparte: cada una distinta de la otra, con una presencia que domina el paisaje urbano. A esto se suma una interesante oferta de posadas. Nosotros elegimos Pousada Richard Rothe, seguramente una de las más bellas y tradicionales de Tiradentes, donde nos sentimos muy a gusto y excelentemente atendidos.
La ciudad tampoco carece de museos. Un ejemplo notable es el Museo Santa Ana, una colección privada que reúne una impresionante cantidad de imágenes dedicadas a Santa Ana, madre de la Virgen María.
Muchas de las casas del centro histórico pertenecen a personas de Belo Horizonte, que las utilizan como residencias de descanso para fines de semana o temporadas.
A pocos kilómetros se encuentra Bichinho, un pequeño poblado que concentra a numerosos artesanos cuyos trabajos se distribuyen por todo el país.
Visitar Tiradentes es, en definitiva, un ejercicio de pausa e introspección.
Entre buena gastronomía, bellos rincones y un ritmo desacelerado, la ciudad se convierte en un pequeño paraíso.
