Memoria tejida del altiplano

Esta obra textil de grandes dimensiones, adquirida en Chichicastenango, es hoy la pieza enmarcada más grande de mi colección.

No lo es solo por escala, sino por densidad simbólica, complejidad técnica y presencia histórica. Aquí el tamaño no abruma: sostiene el espíritu andino y lo ratifica.

Tejida a mano en telar de cintura, la pieza exhibe una estructura en bandas verticales que alternan franjas lisas con brocados geométricos de alta complejidad, realizados mediante tejido suplementario.

Cada motivo se integra al cuerpo del textil; nada está aplicado, todo está construido. La regularidad nunca es mecánica: las mínimas variaciones revelan la mano, el pulso y el tiempo de quien teje. Eso es autoría, eso es creatividad.

La lana domina la base —material humilde y resistente— trabajado con hilos teñidos en una paleta intensa donde el rojo profundo marca el ritmo visual y simbólico. Lo acompañan azules, amarillos, verdes, violetas y blancos, organizados en contrastes pensados para ser leídos a distancia. No buscan armonía decorativa: afirman identidad. El color aquí no adorna; declara.

El tiempo puesto en trama

La iconografía geométrica —rombos, zigzags, cruces escalonadas— no funciona como patrón ornamental sino como lenguaje cosmogónico.

Montañas, caminos, dualidades y fuerzas protectoras se repiten con variaciones que remiten a linajes, comunidades y memorias transmitidas por generaciones.

Este textil no “representa” un territorio: es territorio

Los flecos irregulares y los bordes vivos confirman su uso textil original, probablemente vinculado a un huipil ceremonial, corte o sobretela ritual.

Al ser enmarcada, la pieza cambia de función sin perder verdad: pasa del cuerpo al muro, del uso al acto de contemplación. No se domestica; se afirma.

Vista hoy, esta obra dialoga con la abstracción contemporánea sin pedir permiso.
Precede al modernismo en ritmo, al minimalismo en estructura y a la pintura abstracta en rigor formal.
América fue la precursora del arte geométrico europeo. Los indígenas ya lo habían creado todo, los europeos solo lo reinterpretaron.

Ritmo antiguo, mirada presente

Esta pieza es archivo cultural, pero también presente activo.

Al pararme frente a esta tela oigo los sonidos andinos: el viento rozando las montañas, el canto sigiloso de las aves y la presencia atenta de otros animales que no se ven, pero están.

Lo que resiste al muro

En el muro amarillo de nuestra casa no decora: resiste. Y en su escala mayor, concentra algo raro: la capacidad de hacer visible el tiempo.


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