Kapoor en Palazzo Manfrin

Una nueva razón —y de peso— para ir a la 61ª Bienal de Venecia.

En el marco de la 61° Bienal de Venecia, el Palazzo Manfrin, palacio veneciano del siglo XVI, abrirá al público por segunda vez desde que fue adquirido en 2018 por Anish Kapoor para albergar su fundación. No es una apertura más: es una toma de posición.

Kapoor —uno de los artistas vivos más referenciales del arte contemporáneo internacional— nació el 12 de marzo de 1954 en Bombay (hoy Mumbai), India.

Su obra ha redefinido durante décadas la relación entre escultura, espacio, percepción y experiencia física del espectador. Kapoor no produce objetos: construye situaciones. Y eso, en tiempos de feria permanente, importa.

La exposición inaugurará el 5 de mayo, apenas días antes de la Bienal, y reúne alrededor de 100 modelos arquitectónicos, esculturas e instalaciones que recorren 50 años de práctica, con especial énfasis en proyectos a gran escala nunca realizados. Es decir, el detrás de escena conceptual, no la vidriera.

Según explicó al The Art Newspaper, el foco en obras “no vendibles” es deliberado: hay piezas hechas de cera, experimentos, desvíos y tentativas que casi nunca entraron en el mercado. Precisamente por eso, dice Kapoor, mantienen viva su práctica. Traducción directa: cuando el mercado manda, el arte se achata.

Entre las obras destacadas:
• Una nueva encarnación de En el fin del mundo (1998): la gran cúpula colgante ahora será negra por dentro, en lugar del rojo visceral de sus versiones originales. Menos carne, más abismo.
• Descent into Limbo (1992), la instalación mínima y peligrosa, quedará instalada de forma permanente en el palacio tras el cierre de la muestra en agosto. Sí, la misma obra en la que un visitante cayó accidentalmente en Oporto en 2018. El vacío no avisa.

• El resto del conjunto presenta maquetas, ideas no realizadas y nuevas instalaciones inmersivas, permitiendo ver a Kapoor pensando, dudando y tensando límites.

El calendario acompaña: en 2026 y 2027 Kapoor tendrá exposiciones en el Savannah College of Art and Design (Georgia), la Lisson Gallery (Nueva York), el Museo Serlachius (Finlandia) y la Hayward Gallery (Londres).

Pero Venecia es otra cosa. Abrir un palacio propio, mostrar lo que no circula y dejar una obra riesgosa instalada de forma permanente no es marketing: es una declaración de principios.

Si vas a la Bienal, esta parada no es optativa. Es donde termina el espectáculo y empieza el trabajo serio.


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