Mechi De Angelis

Punta del Este, Maldonado.

Mechi De Angelis llegó desde Buenos Aires para participar en MART con una obra silenciosa, de baja estridencia y alta concentración poética. Divide su vida entre San Isidro, CABA y la Patagonia argentina, territorio que no solo la inspira: la estructura.

La Patagonia —extensa, áspera, de horizontes abiertos y tiempos dilatados— funciona como un paisaje mental antes que como postal. Un territorio donde el silencio pesa, el vacío se vuelve activo y la contemplación no es un lujo, sino una necesidad.

Históricamente, este paisaje fue leído como un confín, un margen. Hoy se revela como un espacio de condensación simbólica, donde la inmensidad y la intemperie modelan una sensibilidad particular.
En ese marco, la obra de Mechi De Angelis encuentra su tono: pausado, austero, atento al detalle mínimo.

En sus bordados hay una incidencia casi desértica que transmite un estado de calma radical. Grandes claros de tela virgen, apenas modulados por puntadas aisladas, funcionan como extensiones del horizonte patagónico. No es ausencia: es respiración. Ese gesto —sutil y respetuoso— fue lo que capturó mi atención.

Su práctica textil no busca describir un paisaje sino activar una experiencia. La obra se completa con la participación del espectador, que proyecta allí su propio tiempo interior. A esto se suma el uso de textos que, con ironía contenida, dialogan con René Magritte: palabras que no explican la imagen, la desplazan.

Pequeños animales, apenas sugeridos con mínimas puntadas, dan cuenta de una destreza que no necesita exhibirse. Son gestos breves, precisos, casi susurros. Más que escenas, sus bordados construyen estados.

Mechi De Angelis es, además, una artista de modales tan atenuados como sus propios trabajos. Verla bordar en los videos que comparte en sus redes —gestos lentos, concentración absoluta, tiempos no negociables— facilita la comprensión de una obra pausada y contemplativa.

Allí la mirada descansa, pero también el espíritu. Las obras no se miran: se habitan. Y eso, hoy, es un acto casi político.

Un enorme placer haberla conocido.


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