José Ignacio, Uruguay
Hongos rosados en los jardines de Las Musas
Ayer a caída del sol, la artista Adela Casacuberta (Ciudad de México, 1978) inauguró una muestra de carácter inmersivo en los bosques nativos de Las Musas.
La experiencia comienza con un recorrido zigzagueante que invita a una comunión pausada con la naturaleza. El visitante avanza hasta un sector intervenido por piezas de cerámica rosadas que, sin violentar el entorno, guían la mirada mediante un contraste delicado y eficaz.
Las obras se distribuyen generando un ritmo orgánico, casi como si crecieran solas. No hay imposición: hay convivencia.
Los hongos habitan la Tierra desde hace cientos de millones de años. Son maestros de la transformación química, capaces de degradar la madera del mundo y devolver nutrientes al sistema.
La vida —nos recuerda esta instalación— no es estática: es una red de procesos interdependientes, sin planificación central, sostenida por colaboraciones íntimas. Somos naturaleza.
El trabajo de Casacuberta dialoga con procesos naturales imaginados: una mancha de humedad, la fructificación de un micelio.
@Sus formas surgen de la acumulación y el apilamiento, tensando los límites de la pintura hacia el espacio y el cuerpo.
Hongos rosados en los jardines del museo es una instalación site specific que integra esculturas cerámicas con setas Pleurotus djamor, que brotan entre huecos y protuberancias. La obra es, además, colaborativa: desde el modelado hasta la fructificación fúngica, todo ocurre con un equipo ampliado y voluntarios.
El micelio aparece así como metáfora potente de cooperación, resiliencia y exploración de lo posible.
La muestra cuenta con la curaduría de Patricia Bentancur y Alejandro Sequeira.
Sin efectos especiales ni discursos inflados aquí el arte hace lo que mejor sabe hacer cuando es honesto: pensar la vida desde la forma.
En sus propuestas habita además una dimensión íntima y política que atraviesa toda la práctica de Adela Casacuberta. La artista padece esclerosis múltiple y su obra aborda de forma directa y poética los vínculos entre cuerpo, fragilidad y transformación.
“Exploro el deterioro de mi cuerpo a través de diferentes medios. Trabajo con tierras de diferentes latitudes para emerger en otros sitios”, afirma la propia artista. En ese desplazamiento —físico, material y simbólico— su investigación se vuelve una forma de resistencia: el cuerpo como territorio en mutación y la creación como acto de persistencia.
