Manantiales, Maldonado.
Xippas Manantiales abrió temporada con doble individual. Y lo hizo en serio.
Ayer, la galería Xippas, en su sede de Manantiales, inauguró la temporada con dos muestras individuales.
La principal —y la que marca el pulso— es Intemperies. La promesa natural, de Rita Fischer, bajo la curaduría de Manuel Neves.
La sala grande: tormentas sin arriba ni abajo
Las pinturas de gran formato presentan tormentas exuberantes, intensas, decididamente bellas. No hay orientación fija: rotarlas no altera su potencia. Funcionan siempre. Y eso no es un truco formal, es una postura.
Las intemperies no son meteorológicas: son internas. De la artista, sí, pero también del espectador que se anima a auscultarlas.
Ambigüedad, vulnerabilidad, miedo a lo desconocido. Todo está ahí, sin subrayados.
La amplitud de la sala permite múltiples distancias y lecturas —y cumple, sin culpa, con su rol comercial—, aunque queda flotando una fantasía curatorial: ¿qué pasaría si estas obras se apretaran en una sala pequeña, casi hasta incomodar?
Probablemente aparecerían otras tensiones, menos amables, más físicas.
“Cuando yo era niña, subía al techo de mi casa para observar el cielo fijamente… esperaba que algo extraordinario aconteciese.”
—Rita Fischer
Materialidad, ambigüedad y lenguaje en retirada
La muestra reúne obras sobre madera, papel y las más recientes sobre tela. Aunque ciertos elementos puedan sugerir paisaje, naturaleza o monte criollo, nada confirma una voluntad figurativa. Todo se insinúa; nada se afirma.
El color y la forma no construyen relato. Se repliegan. Absorben el lenguaje. Y, aun así, producen belleza. Una belleza que no se deja traducir.
El uso del temple —técnica antigua, superficie mineral— opera como metáfora: búsqueda obstinada de equilibrio. Lo que estas pinturas muestran escapa, una y otra vez, al texto que intenta explicarlas.
Neves lo formula con precisión y riesgo: tal vez en el futuro inventemos un nuevo lenguaje capaz de nombrar esto. Mientras tanto, escribir es un ejercicio retórico necesario pero insuficiente. Como diría Michel Foucault, la relación entre pintura y lenguaje es infinita. Y fallida. Por suerte.
Lo que se despliega aquí es una experiencia de lo sublime: un espacio sin cielo ni tierra, donde vida y muerte se enredan sin jerarquías y donde la cultura —con su pulsión clasificadora— no logra entrar. La naturaleza como divinidad silenciosa: déspota y humilde a la vez.
La sala menor: otra escala pero las mismas tensiones
En la sala más pequeña se presentan obras sobre papel realizadas en 2018. Más íntimas, más aireadas y protegidas por cristales.
Parecen calmas, pero es apenas un velo: debajo, las tormentas persisten.
Son piezas para convivir. Para habitar. Para un romance prolongado, sin estridencias.
Rita Fischer pisa firme en el arte contemporáneo uruguayo. Y no se queda ahí. Su obra atraviesa geografías sin perder densidad ni misterio.
Intemperies no explica: ofrece. Y eso, hoy, es bastante más que suficiente.
