Festa Junina

Estas piezas las encontré en la Festa Junina de Caruarú, ese estallido de música, ritual y alegría donde el arte popular es parte del aire.

En el Alto do Moura —territorio donde el barro es cultura— me encontré con estos artesanos que continúan la tradición de Mestre Vitalino, modelando la vida del sertão con una sinceridad conmovedora.

El vaqueiro y sus animales festivos —el caballo y el buey de cuerpos redondos, decorados con moños y lunares— llevan en sí todo el teatro de São João.

Sus colores intensos, la ingenuidad de los rasgos y el sombrero punteado del vaqueiro son firmas absolutas del arte pernambucano.

El grupo de figuras en fila funciona como una pequeña procesión: gente que camina, jinetes viajando, mujeres de vestidos estampados… un mini-relato de la vida diaria nordestina. Cada uno con su color, su gesto, su postura. Un fragmento narrativo completo.

Y el trío de músicos —zabumba, sanfona y triángulo— es directamente el ADN del forró pé-de-serra. Sus cuerpos alargados, sus colores saturados y sus posturas casi danzadas transmiten el ritmo incluso en silencio.

Me llevé estas piezas porque condensan lo que más valoro del arte popular: verdad, identidad y celebración. No buscan perfección; buscan emoción. Y la logran.


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