El Ángel de Nápoles que vela por mí desde hace unos años
No recuerdo en qué momento exacto este ángel napolitano decidió venir conmigo, pero lo hizo con esa determinación silenciosa que tienen los objetos que llegan para quedarse.
Lo compré hace años, sin grandes ceremonias, mientras caminaba por Via San Gregorio Armeno famosa calle del centro histórico de Nápoles, conocida mundialmente como la «calle de los pesebres” y desde entonces flota en mi casa dentro de una vitrina de cristal como si siempre hubiera estado ahí: un mensajero barroco que sobrevivió al siglo XX sin perder el dramatismo de su linaje.
Su origen es claro: escuela napolitana, taller de presepe, esos artesanos que heredaron del barroco la obsesión por la teatralidad.
El presepe, que literalmente significa «delante del pesebre», ha sido una característica importante de las celebraciones navideñas en Italia durante siglos.
Cabeza, manos y pies de terracota policromada, cuerpo de alambre, telas que no imitan actúan en complicidad para lograr un mayor efecto seductor.
La combinación cromática —amarillo, rojo y azul— es puro teatro napolitano, sin vergüenza de la intensidad.
Me gusta su gesto: no anuncia nada en particular y, sin embargo, todo en él parece estar ocurriendo.
Un ángel en tránsito, suspendido entre el mundo que observa y el que imagina.
Las alas, gastadas apenas en los bordes, cuentan más que cualquier fecha: hablan de manos que trabajaron madera, estuco y pigmento con una devoción que ya no es frecuente.
No es una pieza antigua del XVII ni pretende serlo. Es siglo XX, sí, pero con esa honestidad que tienen los objetos hechos sin prisa, sin fábrica detrás, con el pulso de un artesano que sabía exactamente qué debía expresar un ángel que iba a habitar y proteger un hogar.
Tal vez por eso lo conservo con tanta fe: porque no es perfecto pero es mío.
Es expresivo, teatral, desbordado como todo lo que realmente vive.
Tengo varios ángeles pero este en particular ocupa un lugar muy importante en mi corazón.
Ángel de la guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…


