León de Mestre Nuca

El león de barro que custodia la casa

En el Nordeste brasileño hay figuras que no necesitan presentación.
El león de terracota de Mestre Nuca es una de ellas.

Nuca —Manoel Borges da Silva (Nazaré, 1937-2014)— tomó un animal que jamás vio en su vida rural y lo transformó en un tótem protector, hecho de barro, memoria y ritmo manual.

Mi pieza viene de esa tradición de Tracunhaém, donde la cerámica no es oficio: es identidad.

Terracota cruda, sin esmaltes ni maquillaje; el color es el barro mismo.

El cuerpo es compacto, firme, casi infantil en su nobleza. Pero la melena es la firma del maestro: decenas de roscas de barro, una por una, formando una nube rítmica que vibra, que respira.
Un gesto sencillo convertido en marca estética.

Este león no ruge. Guarda.
No impone miedo: ofrece presencia.

Es la versión popular de un ícono clásico, modelado desde la humildad y elevado por el imaginario colectivo del Nordeste.

En tiempos donde todo se acelera, esta figura recuerda que lo esencial puede ser tan simple como un puñado de barro cocido y un maestro escuchando a su entorno.
Un león que no viene del zoológico, sino del corazón de una comunidad.

Una pieza que no me dio la oportunidad de dudar: solito se metió en mi mochila viajera sabiendo que es grande, pesado y delicado para transportarlo.

No me arrepiento, al contrario, le agradezco su decisión inconsulta y aquí permanece a mi lado rugiendo en silencio a viva voz, protegiéndome del resto de la jauría que me acecha.


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