Montevideo, Uruguay.
Bienal Sur en Montevideo: siete artistas, un mismo pulso — el cuerpo como territorio político
Ayer quedó inaugurada en el Museo
Nacional de Artes Visuales (MNAV) de Montevideo una nueva exposición de Bienal Sur, bajo la dirección de Aníbal Jozami, que celebra diez años de esta red transnacional que insiste —y bien— en torcer el mapa tradicional del arte.
La muestra en esta oportunidad reúne a siete artistas de distintas procedencias, con obras que van del video a la instalación y la performance, articuladas por un hilo conductor nítido: el cuerpo entendido como campo de acción simbólica, política y afectiva.
El MNAV, hoy dirigido por Roxana Fabius, aporta tres piezas fundamentales del arte uruguayo: obras de Águeda Dicancro, Carlos Federico Sáez y Ce Vignolo.
El regreso de la instalación Atadura de Águeda Dicancro —restaurada y nuevamente respirando al viento— tiene algo de ajuste poético: una pieza que vuelve a respirar después de haber sido, ella también, una metáfora de asfixia histórica.
Sacar a la luz nuevamente esta obra que fue y continúa siendo tan emblemática para todo nuestro país que Águeda creó como manifestación del pueblo silenciado durante la dictadura militar, se convirtió en un proceso emocionante.
El colgado de la instalación estuvo acompañado por la presencia invaluable de sus sobrinos Martha Cecilio y Marcelo Rodríguez Artus. También formaron parte de esta instancia Vladimir Muhvich, conservador del Taller de Restauración del MEC, y Lucía Méndez, quien trabajó en el montaje junto a Nelson Pino, del área de conservación del museo.
Un equipo que no solo aportó rigor técnico, sino también la carga afectiva necesaria para que la obra recuperara su fuerza original.
Una bienal que insiste en abrir el mapa
A diez años de su creación, BIENALSUR reafirma su programa:
– romper centralismos,
– conectar escenas,
– sostener una práctica curatorial horizontal,
– y defender el derecho a la cultura como un bien común.
En palabras de Jozami, se trata de pensar fuera de los andariveles, de animarse a construir otros mapas posibles. No es solo una red geográfica: es una red de afectos políticos.
En un momento en que la crisis civilizatoria se siente en el aire, Bienal Sur vuelve a poner sobre la mesa una convicción simple y necesaria: es desde la cultura donde todavía podemos imaginar algo distinto.
Relatos provisorios: cruces entre género y performatividad
La exposición plantea el cuerpo no como un motivo a representar, sino como lenguaje, soporte, territorio.
En varios casos, el video y la performance operan como un dispositivo de verdad: el cuerpo que se expone, que se resiste, que se vulnera. Nada de eso puede ser completamente ficcionalizado.
Las identidades aquí no están dadas: se ensayan, se expanden, se desobedecen. Y en ese desarme, el cuerpo vuelve a politizarse.
Obras participantes
*Águeda Dicancro – Atadura (1985) · Vidrio modelado
Concebida tras la dictadura uruguaya, la obra encarna el duelo de un país que recuperaba la voz. Tensión, fragilidad, opacidad y transparencia: Dicancro construye una metáfora del cuerpo social que intenta rearmarse sin negar sus fisuras.
*Carlos Federico Sáez – Autorretrato (1899) · Dibujo acuarelado
Sáez, siempre adelantado, se autorretrata navegando entre lo masculino y lo femenino. Su imagen ya anticipa —en pleno fin de siglo XIX— las políticas contemporáneas del cuerpo y la inestabilidad identitaria. Un visionario que murió demasiado pronto.
*Margarita Bali – Tritones y Nereidas en un mar de plástico (2021)
Pionera de la videodanza, Bali convierte el océano en un escenario colapsado. El mito no libera: se ahoga. El cuerpo danza contra su propio hábitat contaminado. Poético y brutal a la vez.
*Silvia Rivas – Exuvia (2021)
Un estado más que una narrativa. Como la piel que deja un insecto al mudar, Rivas filma un cuerpo que no termina de escapar ni de quedarse. Respiración, roce, encierro: el límite entre adentro y afuera vibra en cámara lenta.
*Ce Vignolo – La vida es un flujo y reflujo (2006–2041)
Una performance que se despliega durante 35 años. Una vez por año, cinco horas de intervención en el museo. Tiempo como materia prima y como herida. Fue la primera performance adquirida para el acervo del museo: un punto de quiebre histórico.
*Jasmina Cibic – Mothers (2025)
Desde archivos de países no alineados, Cibic examina la figura de la “madre patria” construida por manos masculinas. Las esculturas giran, se agrietan, explotan: la memoria cultural se pulveriza para reinventarse.
*Aurelia Mihai – Living Monuments I (2023)
El monumento deja de ser objeto y se vuelve cuerpo que habita el espacio público. Un monumento que respira, que siente, que pertenece a una comunidad viva. Un recordatorio de que la historia no está tallada en piedra: se mueve.
La exposición en una frase
Un mapa de cuerpos en tensión: identidades que se desarman, memorias que se reescriben y un viento —el de Dicancro— que vuelve a soplar donde importaba que volviera.
