Tejido conectivo – Cierres que abren

Canelones, Uruguay.

Un laboratorio donde el proceso es la obra

Florencia Flanagan es una artista atípica: trabaja desde el proceso, no desde el objeto.
Su interés no es “producir obras” sino activar experiencias, abrir espacios de conciencia y bucear en el interior del propio ser.
Para ella, crear es investigar; y el taller es un campo sensorial donde la respiración, la percepción y la conexión con el universo forman parte del método.

Su grupo de trabajo es tan heterogéneo como auténtico: artistas textiles, músicas, docentes, psicólogas, creadoras de distintos territorios que comparten una sola premisa —no se necesita un título para entrar, sólo disponibilidad para auscultarse y dejarse ser.

Por segunda vez consecutiva, Florencia abrió su taller para compartir el resultado de este laboratorio de experimentación: “Tejido conectivo – cierres que abren”, una propuesta que no exhibe piezas sueltas sino un entramado vivo, colectivo, en constante expansión.

Aquí no hay “profesor”: hay una guía. Y lo que sucede nace del trabajo mancomunado del grupo. Todos aportan, todos reciben, todos se sostienen.

Todos juntos construyendo un mismo pulso

Las obras presentadas en esta edición están compuestas por:

*TEJIDO CONECTIVO Cierres que abren pieza colectiva
*Carol Zylberstzejn PORQUE NOS NECESITAMOS
*Alejandro Buenahora DESDE EL AGUA
*Claudia Morassi ONDINAS Y ORBES
*Tany Tochetti E N C U E R P A R
*Patricia Novicow PULSO
*Rosario Beisso ¿DE QUIEN SON TUS PALABRAS CUANDO TE DECÍS?
*Paola Maldonado FIBRAS ÍNTIMAS
*Verónica Laguarda DIÁLOGOS INFINITOS
*Mariana Stein MANADA,
*Paula Giménez ABRAZO
*Leticia Falkin TOCAR EL MUNDO
*Felicia Damonte A QUIENES AMO
*Mariela Bollati MIS_UNA

El recorrido comienza con una obra colectiva que funciona como ancla narrativa.
Desde allí, un hilo rojo – el cual termina negro – conecta cada trabajo con un texto manuscrito en una cinta blanca.

Cada artista desenrolla su cinta, despliega sus palabras y abre el pasaje hacia su universo interior.

El visitante no sólo observa: participa, pregunta, toca, se deja llevar guiados siempre por una constante búsqueda provocada por la curiosidad simplemente de ser y/o estar.

Los soportes son diversos pero dialogan entre sí: bordados, dibujos, pinturas, impresiones fotográficas sobre tela, fibras naturales, lana bovina, sedas, poesía, ensamblajes, fotografías, incluso una experiencia inmersiva dentro de una carpa.
Todo respira performance. Nada está quieto.

El laboratorio se nutre de referentes que cuestionaron las formas tradicionales del arte —de Lygia Clark a Suely Rolnik, de Elvira Espejo a Cecilia Vicuña, de Lacy Duarte a Ronald Rael— y se inscribe en esa línea pos-Beuys donde el arte deja de ser objeto comercial para convertirse en práctica vital, campo de sentidos, gesto de transformación.

La experiencia se sostiene en conceptos como uywaña (aymara) y uyway (quechua): la crianza mutua, la certeza de que el conocimiento y la sensibilidad crecen cuando se nutren en comunidad.
Aquí la creación no es un acto solitario: es tejido, es afecto, es cuerpo expandido.

“Tejido conectivo – cierres que abren” es exactamente eso:

un laboratorio donde las preguntas valen más que las respuestas,
donde las obras son excusas y el proceso es el verdadero territorio,

donde el arte es un modo de estar presentes y, sobre todo, de estar juntos

donde el sentido sanador del arte es aunador dando paso a la resiliencia y al renacer.

La última presentación acabó con un ejercicio –artistas e invitados– donde la propuesta consistió en valerse uno del otro simplemente a través del acto de recostarse en el vecino más próximo sumado luego a una práctica lúdica de unión grupal como broche final de la velada.


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