Montevideo, Uruguay.
Una Bienal que no está a la altura: errores, desvíos y una oportunidad perdida
- Un comienzo que debería ser celebración… pero no lo es
Montevideo celebra desde el 23 de octubre su VI Bienal. Y aunque esto debería alegrarnos, la realidad es otra: esta edición arrastra errores que ya son imperdonables.
- Un escenario inadecuado que lo arruina todo
El Palacio Legislativo, otra vez.
La muestra vuelve a instalarse en la Sala de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Un espacio barroco que aplasta cualquier lectura contemporánea.
La excusa logística
Alfons Hug (Hochdorf, 1950), director por sexta edición consecutiva, sostiene que ese espacio le resuelve “logística, presupuesto, personal y vigilancia”. Traducción: mínimo esfuerzo para un evento que exige todo lo contrario.
Guardia protocolar como performance involuntaria
La presencia del Batallón Florida desconcierta al público. No se sabe si es parte de una obra o un error de criterio. Spoiler: lo segundo.
- Un director agotado y un modelo que no funciona
La planificación recuerda a la Montevideo de 1724 proyectada a distancia por Domingo Petrarca: hecha desde afuera y orientada al revés.
Seis ediciones bajo una única dirección son demasiado. Más aún cuando esa mirada sigue confundiendo Uruguay con el Amazonas.
- Un concepto importado y ajeno
“AMA ZO NAS – Amazonas Ancestral”: un lema sin eco local
El tema parece más un slogan que una investigación. No dialoga con Uruguay ni con nuestros artistas.
Un espejo de Brasil y de Venecia
La selección remite al modelo curatorial brasileño y a la 59ª Bienal de Venecia, incluso repitiendo artistas. Allá brillaron; acá se pierden.
- Una selección que se diluye en la sala
Artistas internacionales de excelencia, mal presentados
Glicéria Tupinambá (Bahía, 1982)
Olinda Silvano Inuma (Padre Márquez, 1969)
Moara Tupinambá (Belém, 1983)
Denilson Baniwa (Darí, 1984)
Mehinako Waxamani (Alto Xingu, 1994)
En Venecia algunos de ellos destacaron. En Montevideo, sus obras en pequeño formato quedan sepultadas por el gigantismo de la sala.
El resultado general se acerca más a un montaje antropológico estilo National Geographic que a una bienal de arte contemporáneo.
- Qué es una bienal… y por qué esta no lo es
Una bienal debe:
• Exhibir obras nuevas o producidas para el evento.
• Desarrollar un eje curatorial sólido.
• Promover pensamiento crítico.
• Posicionar a la ciudad en el mapa artístico global.
• Democratizar, formar, profundizar.
Nada de esto ocurre.
- La gran ausencia: los artistas uruguayos que trabajan lo ancestral
Sorprende la ausencia total de artistas uruguayos que abordan lo ancestral hace décadas:
Martha Castillo, Rosana Greciet, Nacho Seimanas, Juan Luis Martínez, Teresa Puppo, Gustavo Tabares, Neblina Romero y Lacy Duarte.
El único seleccionado que mantiene un vínculo directo con esa línea es José Gamarra (Tacuarembó, 1934).
- Los artistas presentes: aciertos y desaciertos
Aciertos parciales
• Pablo Uribe (Montevideo, 1962) – sin lugar a dudas fue la mejor propuesta nacional, sutil, inteligente y comprometida.
Fue el único artista que trabajó aludiendo a nuestros ancestros.
Se trata de obras sobre pueblos indígenas locales colocadas en el techo del edificio pero no consiguen la visibilidad deseada y a falta de una clara ficha técnica pocos son los espectadores que logran verlas.
Fueron alojadas en la terraza del Palacio, colocando una escultura en cada punta. Para poder verlas el espectador debe de alejare del edificio a mas de 50 metros y buscar el ángulo indicado que le permita apreciar las piezas donde solo podremos ver desde la cintura hacia arriba.
Seguramente que casi que el 100% del público no se entera de que están y tampoco las ven.
• Lucía Wainberg (París, 1980) – una de las obras más logradas dentro del tema propuesto.
• Álvaro Zinno (Montevideo, 1958) – potente diálogo visual con sus fotografías entre Manaos y Montevideo.
• Jill Mulleady (Montevideo, 1980) – de las más coherentes dentro del relato.
• José Gamarra (Tacuarembó, 1934) – obra sólida y consistente.
Desaciertos claros
• Sebastián Sáez (Montevideo, 1974) – vegetación universal, sin anclaje amazónico.
• Ricardo Lanzarini (Montevideo, 1963) – gran artista, vínculo forzado con el tema.
• Juan Manuel Rodríguez (San José de Mayo, 1980) – obras potentes, mal ubicadas y fuera de contexto.
• Paula Delgado (Montevideo, 1977) – video ya exhibido, más rural que selvático.
• Rita Fischer (Río Negro, 1972) – una obra que queda perdida en la inmensidad del salón fuera de escala y fuera del alcance de la vista. Cuesta mucho trabajo ubicarlas, son dos, y el contexto no le propicia el efecto perseguido. Se trata de unas hojas de palma secas con pinturas “para los pájaros” que difícilmente puedan acceder a la sala por más metáfora que se le quiera aplicar.
• Linda Kohen (Milán, 1924) – aproximación amazónica que no llega a destino.
• Pablo Uribe (Montevideo, 1962) – obras sobre pueblos indígenas locales colocadas en el techo del edificio donde nadie las ve.
Fueron alojadas en la terraza del Palacio, colocando una escultura en cada punta. Para poder verlas el espectador debe de alejare del edificio a mas de 50 metros y buscar el ángulo indicado que le permita apreciar las piezas donde solo podremos ver desde la cintura hacia arriba.
Seguramente que casi que el 100% del público no se entera de que están y tampoco logra verlas.
• Héctor Laborde (Montevideo, 1943) – pájaros decorativos, sin tensión conceptual.
- Más artistas internacionales y problemas de montaje
• Luiz Braga (Belém, 1956) – abre la muestra con sus fotografías el inicio del recorrido se convierte en algo nefasto y desestimulante.
Sus fotos quedan opacadas por los murales monumentales de Pedro Blanes Viale y Manuel Rosé. O bien las fotografías debieron ubicarse en otro espacio o bien los murales debieron de ocultarse a no ser que estos artistas hubieran sido incluidos dentro de la nómina de los expositores.
Este detalle denota falta de compromiso y seriedad a la hora de llevar a cabo una bienal.
• Éder Oliveira (Timboteua, 1983) – uno de los pocos con impacto real.
• Luis Romero (Caracas, 1967) – su obra se pierde entre vitrales y mármoles.
• Malu Saddi (São Paulo, 1976) – obras potentes, montaje adverso.
• Olinda Silvano (Paoyhan, 1969) – telas absorbidas por el mármol, pierden su espiritualidad.
• Mehinako Waxamani (Alto Xingu, 1994) – mal anguladas, ilegibles.
• Moara Tumpinambá (Belém, 1983) – instalación extraviada entre obras ajenas.
• Salmi Lopes Balbuena (Puerto Diana, 1982) – pequeño formato perdido entre paneles.
• Josepa Yanomami (Yanomami, 1971) – invisibilizada por el montaje.
• Hélio Melo (Boca do Acre, 1926) – obras ocultas y sin lectura posible.
• Emmanuel Nassar (Capanema, 1949) – imposible de comprender esa bandera con la palabra “Égua” con tres estrellas sin ficha técnica.
- Curaduría ausente, relato inexistente
No hay diálogo entre obras.
No hay concepto articulador.
No hay investigación curatorial.
Los videos están presentados en monitores domésticos. El arte textil queda reducido a decoración. No hay actividades públicas ni reflexión crítica.
Otro error garrafal de esta edición es que la mayoría de las obras carecen de la ficha técnica en la cual debería de exponer el concepto de la obra y el tenor de las mismas.
Resumen del guion curatorial oficial
El guion curatorial plantea al Amazonas como una región mítica y contradictoria, donde conviven abundancia y precariedad, vida y muerte, paraíso e infierno. Subraya su escala monumental, su biodiversidad única y su historia atravesada por la conquista y la resistencia indígena.
Destaca el creciente interés global por el arte indígena y por la poética amazónica, en un contexto marcado por urgencias ecológicas. Propone contrastar miradas internas y externas para alcanzar una “verdad tropical”, sin reducir la Amazonía al cliché del “pulmón del planeta”.
Según los curadores, la muestra busca rescatar el valor simbólico y estético de la región, entendida como un territorio capaz de inspirar nuevas formas de sensibilidad y vida.
Curador: Alfons Hug (Hochdorf, 1950)
Cocurador: Alejandro Denes (Montevideo, 1968)
- Lo que una bienal debería dejar… y lo que esta deja
Lo que NO deja
• Investigación
• Debate
• Formación
• Obras inéditas
• Lectura curatorial
• Aporte urbano
• Proyección internacional
Lo que sí deja
• Desorden
• Improvisación
• Un tema ajeno al territorio
• Montaje que perjudica a los artistas
- Conclusión
La VI Bienal no está a la altura. No posiciona a Montevideo. No aporta pensamiento. No dialoga con nuestro territorio.
Si no se cambia de director, de enfoque y de contenedor, las próximas ediciones estarán igual de debilitadas.
Si bien debemos de agradecer la incitativa del grupo privado de promotores que se han ocupado de crear la Bienal de Montevideo, no es lógico ni correcto que llevemos seis ediciones dirigidas por la misma persona, quien por cierto da la sensación de confundir Uruguay con el Amazonas.
Montevideo merece una bienal seria, rigurosa y contemporánea. Esta, lamentablemente, no lo fue.

Comentarios
4 respuestas a «VI Bienal de Montevideo»
Se parece a todo,menos a una bienal
Más errores que aciertos
Por Dios que confusión,para que la hacés difícil, alguien que la haga más fácil por favor
Creo que presentar la 6ta bienal de Montevideo en el Palacio Legislativo es un mensaje importante de Uruguay al mundo en homenaje a Amazonas.
comparto contigo que la locación no es la adecuada. La temática no refleja igual ni cala de igual forma en artistas brasileros que trabajan muy bien el tema con nuestra realidad , falta ese hilo conductor que debería tener una bienal. , es un desperdicio de oportunidad , una pena para nuestro arte.
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