Río de Janeiro, Brasil.
Un museo clave en la modernidad brasileña
El Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro (MAM Rio), inaugurado en 1948, es una de las instituciones culturales más influyentes de Brasil.
Diseñado por Affonso Eduardo Reidy con un planteo racionalista e integrado al Parque do Flamengo, el museo fue epicentro de la vanguardia artística brasileña hasta que el devastador incendio de 1978 arrasó con gran parte de su acervo.
Hoy conserva unas 11.000 obras, de las cuales más de la mitad provienen de la Colección Gilberto Chateaubriand, cedida en préstamo desde 1993.
Gilberto Chateaubriand, el coleccionista
Empresario, diplomático y mecenas, Gilberto Chateaubriand (París, 1925–2022) dedicó más de cinco décadas a reunir una de las colecciones más notables de Brasil.
Su interés comenzó en 1953, tras conocer al pintor José Pancetti en Salvador. Desde entonces construyó un acervo excepcional, siempre en contacto directo con los artistas, visitando talleres y apoyando procesos creativos incluso antes de que existiera un mercado galerístico consolidado en el país.
Una colección que resume un siglo de arte brasileño
La colección se distingue por abarcar casi dos siglos de producción artística, desde los modernistas hasta el experimentalismo de los años 70.
Entre las obras clave se encuentran:
Urutu (1928), de Tarsila do Amaral
Paisaje de Brodowski (1940) de Cândido Portinari, Niñas con guitarras (1937) de Di Cavalcanti, La japonesa (1924) de Anita Malfatti entre otros.
Dentro de su colección también
forman parte destacados artistas con obras emblemáticas reconocidas.
Además de los ya nombrados podemos citar a Mestre Didi, Guillermo Kuitca, Ernesto Cravo Neto, Rubem Valentim, Wesley Duque Lee, Antonio Días, Tomie Ohtake, Anna Maria Maiolino, Lasar Segal, por sólo nombrar algunos.
Además, Chateaubriand valoró los procesos: compraba estudios, bocetos y obras en curso, contribuyendo directamente a la continuidad del trabajo de muchos artistas.
Vanguardias y nuevas generaciones
La colección explora movimientos como el arte concreto y neoconcreto, con obras de Lygia Clark, Hélio Oiticica, Maria Leontina y Lygia Pape.
Las vanguardias experimentales de las décadas de 1960 y 1970 están representadas por Cildo Meireles, Antonio Manuel, Rubens Gerchman, Tunga, Carlos Vergara y Anna Bella Geiger.
En los años 1980 y 1990, el acervo acogió a artistas que renovaron el lenguaje artístico en Brasil, como Beatriz Milhazes, Leonilson, Adriana Varejão, Ernesto Neto, Leda Catunda y Daniel Senise.
Más que un conjunto de obras, la Colección Gilberto Chateaubriand es testimonio de una visión comprometida con el arte y los artistas brasileños.
Es un patrimonio vivo, en constante diálogo con el tiempo, cuya preservación y difusión son responsabilidad del MAM Rio.
A lo largo de su historia, el museo ya ha realizado 52 exposiciones dedicadas a esta colección, reafirmando su papel como referencia en la historia del arte del país.
Retratos y cercanías
Una característica singular de su acervo es la abundancia de retratos y autorretratos. Para él, estas piezas eran una manera de convivir con los artistas, a quienes consideraba amigos. No sorprende que a lo largo de su vida haya sido retratado en múltiples ocasiones por creadores de distintas generaciones.
Dentro de las mismas figura una pintura de Glauco Rodrigues de 1984, titulada «Gilberto Chateaubriand», en la que el coleccionista aparece retratado frente a ocho pinturas clave de su colección, de Anita Malfatti, Lasar Segall, Tarsila do Amaral, Portinari, Guignard, Pancetti, Djanira y Antonio Dias, todas expuestas aquí. Hay una curiosidad sobre el lienzo: Carlos Scliar pintó otra pintura en la esquina superior derecha que solo existe en esta obra.
Este retrato sintetiza el espíritu de la colección: plural, diversa y atravesada por la mirada apasionada de un coleccionista que supo articular tradición, modernidad y experimentación.
Fronteras abiertas
Aunque centrada en Brasil, la colección incluye obras internacionales y piezas de regiones como Bahía o el Centro-Oeste, en tiempos en que esos contextos estaban lejos del circuito institucional del Sudeste. Esta apertura amplió el horizonte del arte brasileño y consolidó redes entre artistas de distintos territorios.
Una constelación viva en el MAM
En la Sala Monumental del MAM fueron colgadas a modo de mosaicos una gran cantidad de obras a modo de homenaje hacia este mecenas que tanto hizo por los artistas y también por el arte brasileño.
Centenario y legado
En 2025, año de su centenario, el MAM celebra la figura de Gilberto Chateaubriand con dos exposiciones realizadas en colaboración con el Instituto Cultural Gilberto Chateaubriand. Su colección, aún en préstamo, sigue siendo el corazón del museo y un manifiesto visual del arte brasileño del último siglo.

Deja una respuesta